(Este es un post que publiqué en mi antiguo blog, y que ahora vuelvo a publicar, revisado, a raíz de una conversación que tuve)

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Hay frases que  dicen bastante sobre quien las pronuncia: 5000 años que llevamos escribiendo (día arriba, día abajo) y, ¿no hay nada que te guste leer?

Algún libro, artículo, columna, editorial, poesía o ensayo habrá que te guste. Aunque sea una obra de teatro que vieras hace tiempo, aunque no hayas leído el libreto.

Con algún personaje, protagonista o no, te habrás sentido identificado. Como aquel héroe de cómic que nos gustaba de pequeños y que de mayores descubrimos que sólo existe en el papel. Algún autor habrá, que al leerlo digas: parece que me lea el pensamiento, pensaba eso, pero no sabía cómo expresarlo. Algún escrito que te lleve lejos, donde nunca habías soñado poder estar.

El poema del texto no es de Neruda, como bien apuntan en los comentarios, si no de Alfredo Cuervo Barrero. Disculpad la confusión que esto haya ocasionado.

Porque leer no es lo que hacemos en el colegio. Como dijo mi profesor de Literatura (saludos desde aquí, Ignacio, y gracias por tus clases) es una aberración que Platero y Yo te lo obliguen a leer de pequeño, pues no entiendes nada. Esas lecturas obligadas y no disfrutadas son las que seguramente te hicieron decir la frase de arriba. Seguramente series de novelas tan criticadas como Crepúsculo o Harry Potter hayan hecho más por iniciar en la lectura a jóvenes que muchas de las campañas de promoción de la lectura del Ministerio de Cultura. Quién sabe, empiezas leyendo Crepúsculo, después descubres Drácula de Bram Stoker, pasas a leer Frankenstein de Mary Shelley y después te recomiendan El Club Dumas de Pérez-Reverte. Y para entonces, amigo mío, ya estás enganchado.

Así que nunca es tarde para empezar, siempre puedes pedir recomendación a un amigo que te conozca bien, o acudir al consejo del librero, que tras un breve interrogatorio (prometo que no te dolerá), te recomendará éste o aquél libro, a Lorca o a Asimov…

Si después de lo dicho escrito anteriormente, he conseguido cambiar tu forma de pensar sobre los libros, me alegro, pues te habré hecho un poco más feliz. Si sigues pensando que no te gusta leer, me alegro, pues al menos sabes que mi estilo no te place y ya encontrarás el que satisfaga tus deseos.

Si te gustaba la lectura antes de comenzar a leer esta entrada, me alegro y espero que esto te anime a seguir aventurándote por los mares de papel (o de tinta electrónica).