Los grandes pensadores de la era de la Razón y de la Ilustración eran científicos. Muchos de ellos no sólo contribuyeron en campos como matemáticas, física y fisiología, sino que todos ellos eran ávidos teóricos sobre la naturaleza humana. Eran neurocientíficos cognitivos, que trataron de explicar el pensamiento y las emociones en base a mecanismos físicos del sistema nervioso. Eran psicólogos evolucionistas, que especularon sobre la vida como un aspecto de la naturaleza y sobre los instintos animales que están “imbuidas en nuestro seno”. Y eran sociólogos, que escribían sobre los sentimientos morales que nos unen, las pasiones egoístas que nos enardecen y la debilidad que supone nuestra estrechez de miras, que frustra nuestros mejores planes.

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