Seis años

Esta tarde vi tu sombra pasar. No eras tú, si no alguien que se te parecía. Y me asaltaron los recuerdos.

Seis años sin tu risa retumbando las paredes. Seis años sin tus cigarros interminables (ni las broncas que te echábamos por fumarlos), seis años ya.

Es raro porque la mayoría de la gente te conoce por tus escritos, tu prosa y tu verso. Y yo te recordaré siempre por los libros. No aquellos que escribiste, si no aquellos que me regalaste.

Mientras otros niños esperaban la navidad ansiosos por los regalos de Papá Noel o los Reyes Magos, yo esperaba ansioso los libros de Ana. Porque esa era la tradición: poco después de las vacaciones de navidad llegaba la Navidad. Una visita, que normalmente duraba toda la tarde, y en la que iba de la mano de mi madre hasta tu casa; ese sitio mítico con las paredes forradas de cuadros y, cómo no, de libros.

Libros Ana

El ritual era siempre el mismo, con pequeñas variantes. A veces estaba Juan (siempre risueño, siempre sonriente), y a veces no. Lo que no faltaban era la conversación, tus cigarrillos y los libros. Los libros siempre al final.

Y ahora sigue habiendo libros. Como siempre hubo, como siempre habrá. Porque si algo me enseñaste es que son los mejores compañeros de viaje cuando se viaja solo y un buen tema de conversación cuando se hace acompañado. Y no sé dónde pararás ahora, pero siempre estarás entre las páginas que me regalaste.

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